|
La obsesion en el niño
LOS SÍNTOMAS NEURÓTICOS DE LA EDAD EVOLUTIVA
Se entiende por neurosis obsesiva un conjunto de síntomas determinados por la necesidad forzosa de repetir gestos, pensamientos y situaciones aparentemente carentes de significado y que se convierten en rituales mágicos utilizados como defensa contra un conflicto; se habla de necesidad forzosa porque ninguna actuación voluntaria puede modificada.
El niño elabora todo un ceremonial mediante el cual se cree que puede mantener el control de una realidad que se le presenta oscura y amenazadora. Son así típicos los “rituales de buenas noches”, una serie de gestos y de operaciones que el pequeño realiza antes de dormirse, para ahuyentar el miedo a la oscuridad y a la noche. Asegurarse de que la puerta de la habitación queda abierta, arropar al osito de peluche, “aparcar” el cochecito y llenar de agua el vaso sobre la mesilla son todas operaciones sencillísimas y repetitivas que ayudan al pequeño a afrontar mejor el salto a la oscuridad y la separación de la madre.
El problema se origina cuando estos gestos tranquilizadores se convierten en auténticas obsesiones. El niño no consigue dormirse si no se ha lavado las manos diez veces o si sus zapatillas no se encuentran perfectamente alineadas a los pies de la cama. Estas formas de rigidez comportamental ocultan otras rigideces psíquicas más complejas, esgrimidas como baluarte ante cualquier estímulo externo potencialmente amenazador.
La obsesión es básicamente una idea fija que el paciente sufre y no acepta y que se traduce en una situación de malestar ansioso, del que no puede librarse. El trastorno aparece en torno a los siete años, aunque no se puede hablar de neurosis obsesiva antes de los doce-quince años.
El cuadro clínico de los síntomas es muy variable.
Al principio los síntomas se presentan coincidiendo con momentos críticos y difíciles de la vida del niño: primeras separaciones de los padres, nacimiento de un hermanito, curiosidad sexual inicial. Estas realidades externas pueden poner en marcha reacciones de rabia, agresividad, miedo y ansiedad, no permitiéndole mantener con la madre una buena relación de objeto y sintiéndose así traicionado por ella. El niño opta entonces por una modalidad distorsionada y alterada que le permite, a través de la repetición, alejar y exorcizar el miedo generado por el conflicto profundo, a través de mecanismos de control y de aislamiento.
El hecho de lavarse continuamente las manos puede representar una defensa obsesiva contra el deseo y la prohibición, por ejemplo, de jugar con los excrementos y de ensuciarse: no queda ninguna huella consciente de estas necesidades, sino que por el contrario son totalmente borradas y en su lugar queda un ritual mágico que se traduce en una necesidad imperiosa de lavarse las manos.
De todas las neurosis ésta es sin duda la más grave, porque impone al niño, en situaciones de angustia, el recurso a medidas rígidas y enajenantes, que pueden empujarle a una separación del objeto aún más radical.
Una intervención psicoterapéutica dirigida al niño y eventualmente a la familia puede devolver a aquél la capacidad de establecer una relación libre y alegre consigo mismo y con los demás.
Cuando el niño sufre de obsesiones y compulsiones
Se considera que los niños tienen un Trastorno cuando estas manías, obsesiones y compulsiones ocupan tanto tiempo al día, que les impiden el funcionamiento diario normal, e interrumpen de modo significativo sus actividades cotidianas. Cuando los niños no pueden hacerlo sufren una ansiedad desmedida, que ellos manifestarán en llantos, gritos, tirones de pelo, conducta agresiva con sí mismo o hacia los demás, etc.
En el Trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) en niños predominan los comportamientos compulsivos frente a los pensamientos obsesivos.
Diagnóstico y tratamiento del trastorno obsesivo-compulsivo
El diagnóstico precoz de la enfermedad así como la aplicación de un tratamiento especial cuando se observan los primeros síntomas contribuye a aumentar la calidad de vida del niño y a prevenir que el trastorno se desarrolle a un estado más serio. Para poder realizar el diagnóstico es muy importante el apoyo y la implicación de los padres. Para calmar la ansiedad provocada por el pensamiento obsesivo, se realiza la compulsión.
Una compulsión es un comportamiento ritualizado que se lleva a cabo durante mucho más tiempo de lo normal, de forma repetitiva y sin interrupción.
El tratamiento del TOC más efectivo y recomendable sería combinar la terapia psicológica y medicamentos.
El tratamiento psicológico incluye técnicas cognitivas y conductuales: -
Las técnicas cognitivas ayudan al niño a identificar y comprender sus miedos y a aprender nuevas formas de resolverlos o disminuirlos sin sentir la ansiedad que le provocaban y le llevaban a la compulsión como evitación; -
Las técnicas conductuales ayudan al niño y a sus familias a hacer contratos o poner pautas para limitar o cambiar comportamientos.
Los medicamentos que se usan para tratar el TOC son inhibidores selectivos de la reabsorción de la serotonina que sirven para paliar los pensamientos obsesivos y por lo tanto mejorar las conductas compulsivas; y siempre deben ser indicados y tomados bajo supervisión del pediatra. Los padres juegan un papel de apoyo vital en cualquier proceso de tratamiento apoyando al niño en todas las etapas del trastorno y de su tratamiento.
El tipo de fobia más frecuente en niños es la fobia escolar.
El niño suele reaccionar mediante molestias físicas tales como cefaleas, dolores abdominales,... , incluso vómitos, con el fin de evitar la asistencia a la escuela.
Suele suplicar a los padres que no le lleven a la escuela, que acudirá sin falta más tarde o al día siguiente; pero se repite la misma situación.
En el momento de la crisis, el niño no razona ante nada.
Cabe diferenciar la fobia escolar de la reacción que un niño pequeño tiene al separarse de la madre cuando entra por primera vez en la guardería; la edad del niño marcará esta diferencia.
Los trastornos fóbicos suelen aparecer entre los 6 y los 12 años; en muchas ocasiones, van desapareciendo espontáneamente (por lo menos aparentemente) o reaparecen con otras formas más adelante.
El tratamiento en niños con fobias suele dar buenos resultados, ya que es más fácil cambiar el estilo cognitivo que aplica el niño sobre las cosas.
Al igual que los adultos, los niños presentan conductas ritualizadas, es decir, siguen un ritual que de no cumplirse genera angustia, por ejemplo:
al dormirse, el niño acomoda siempre las almohadas en la misma posición; necesita tener dos peluches a la derecha y tres a la izquierda; si se le cuenta un cuento, será el mismo padre el que lo haga;
se lavará las manos un número determinado de veces ya que de cambiar algún elemento se angustia.
La obsesión generalmente encubre una fobia, es por ello que el ritual ocupa un lugar especial.
En el caso de las compulsiones, se pueden encontrar algunos comportamientos como:
Lavarse las manos.
Ritos al Acostarse.
Actividades de orden (cuadernos limpios, letra perfecta).
Situaciones de enumeración.
Presentan conductas ambivalentes, es decir, en algunas cosas son extremadamente ordenados y en otras no, son extremadamente limpios en algunas circunstancias y en otras no.
Y todas estas conductas se basan en un pensamiento mágico que evita una situación caótica
>Deja tu comentario, gracias.

|
|